Derecho y Administración en el Siglo de Oro: los libros

Los libros, tan corrientes hoy en día, son un objeto de comercio como otro cualquiera, sin embargo en tiempos pasados, y no tan lejanos, requería de especiales consideraciones para su venta y distribución, siendo necesario el obtener una licencia de impresión, que podía llevar aparejado un privilegio de exclusividad, precedente del copyright o derechos de autor. Esta licencia de impresión dependía del Consejo Real, aunque también era necesario el visto y bueno de la Inquisición para evitar la propagación de doctrinas contrarias a la fe católica, elemento que cuajaría en el Index Librorum Prohibitorum de 1559, promulgado por el inquisidor Fernando de Valdés Salas. La necesidad de licencia de impresión la encontramos en una pragmática de los Reyes Católicos del año 1502, que dice así:

Mandamos y defendemos, que ningún librero, ni impresor de moldes, ni mercaderes, ni factor de los susodichos, no sea osado de hacer imprimir de molde de aquí en adelante por vía directa ni indirecta ningún libro de ninguna facultad o lectura, u obra, que sea pequeña o grande, en latín ni en romance, sin que primero tenga para ello nuestra licencia y especial mandado.

Esta pragmática, recogida en la Novísima Recopilación, ley 23, título VII, libro I, hizo que se generase un aparato burocrático específico para la impresión y venta de libros, que se conoce bien gracias a estudios como los de Pedro Pascual, Jaume Moll, o Fernando Bouza, además de por los propios documentos de los archivos españoles.  Para ilustrar el proceso, vamos a poner el ejemplo del libro más conocido y celebrado de la literatura española: el Quijote.

Estando Cervantes en Valladolid, había compuesto el libro en el año 1604, que no vería la luz hasta enero de 1605, impreso por el madrileño Juan de la Cuesta y vendido por el librero Francisco de Robles. El recorrido burocrático lo podemos detallar por el memorial mismo remitido por Miguel de Cervantes al Consejo.

Primeramente tenemos el memorial del propio Cervantes, aunque de su puño y letra sólo es la firma, siendo el texto cosa de Francisco de Robles o de Juan de la Cuesta. Mantengo la ortografía original, desarrollo abreviaturas, y añado mayúsculas y puntuación:

Muy poderoso señor:

Miguel de Cervantes digo que yo e conpuesto un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, del qual hago presentación a Vuestra Alteza. Pido y suplico sea servido de darme liçençia y privilejio para inprimirle por veinte años, atento al mucho estudio y travajo quen conponer el dicho libro e gastado, y ser de letura apacible, curiosa, y de grande ingenio, quen ello reçeviré gran bien y merçed y para ello.

Miguel de Cerbantes

En el vuelto del memorial podemos ver los sucesivos trámites. En la parte de arriba tenemos la siguiente anotación: Miguel de Cervantes. En la inferior, vemos: Pide liçençia para inprimir un libro, y previlejio. Esto es una anotación descriptiva de la naturaleza del documento que llega al Consejo. El memorial lo recibe el secretario Juan Gallo de Andrada, y manda tramitarlo como consta un poco más abajo de la primera anotación: Sº Gallo. En Vallid a XX de julio de 1604. Véase.

Esto pasa a manos del señor Ramírez de Arellano, que considera que la persona adecuada para examinar el libro es Antonio de Herrera, el cronista, autor de varios libros de historia. Esto anota Arellano: Sr. Ramírez de Arellano. Véale Antonio de Herrera, cronista de Su Magestad. Antonio de Herrera, entonces, se tomará su tiempo para leer el manuscrito cervantino, emitiendo el siguiente dictamen el 11 de septiembre de 1604:

Por mandado de Vuestra Alteza he visto un libro llamado El yngenioso hidalgo de la Mancha, compuesto por Miguel de Ceruantes Saauedra y me pareçe, siendo dello Vuestra Alteza servido, que se le podrá dar licencia para imprimille porque será de gusto y entretenimiento al pueblo, a lo qual, en regla de buen gobierno, se deue de tener atención, allende de que no hallo en él cosa contra policía y buenas costumbres, y lo firmé de mi nombre. En Valladolid a XI de Setiembre de 1604.

Antonio de Herrera.

Con el visto y bueno de Antonio de Herrera, el libro vuelve a manos del Consejo, que dictamina que se le dé licencia de impresión, y privilegio por diez años: Désele liçençia y privilejio por diez años. Con estos trámites ya hechos, Miguel de Cervantes recibe un privilegio donde constan estos extremos, expedido a 26 de septiembre, como consta en el privilegio inserto en la obra. Extractamos aquí una parte del mismo:

Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue fecha relación que habíades compuesto un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, el cual os había costado mucho trabajo y era muy útil y provechoso, y nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le poder imprimir, y previlegio […] Por la cual, por os hacer bien y merced, os damos licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis imprimir el dicho libro, intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, que desuso se hace mención, en todos estos nuestros reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten desde el dicho día de la data desta nuestra cédula. So pena que la persona o personas que sin tener vuestro poder lo imprimiere o vendiere, o hiciere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impresión que hiciere, con los moldes y aparejos della, y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís, cada vez que lo contrario hiciere. La cual dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare […] Y mandamos a los del nuestro Consejo y a otras cualesquier justicias dellos guarden y cumplan esta nuestra cédula y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veinte y seis días del mes de setiembre de mil y seiscientos y cuatro años.

YO EL REY

Por mandado del Rey nuestro Señor:

Juan de Amézqueta

Pero el proceso burocrático del libro no acaba ahí. Una vez impreso tiene que volver al Consejo para cotejar con el manuscrito y comprobar que no se hayan insertado de rondón cosas para las que no hay aprobación, como saben los historiadores del teatro por la obra de Calderón titulada El príncipe constante, para cuya representación en Palacio se insertaron unos versos que no constaban en lo aprobado por el Juez de los Teatros. Hechas las comprobaciones las hizo el licenciado Murcia de la Llana a 1 de diciembre.

Finalmente el libro se tasa por la cantidad de pliegos de papel en su impresión. La tasa es del 20 de diciembre de 1604, hecha por Juan Gallo de Andrada, y en ella se tarifa el libro a tres maravedís y medio por pliego, constando que el libro tiene 83 pliegos, vendiéndose pues a 290,5 maravedís. Con todo el papeleo en regla, Miguel de Cervantes por fin puede ver publicado su libro, que saldrá a la venta en enero de 1605, en la librería de Francisco de Robles.



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