Histórica condena de los Jemeres Rojos

Casi cuatro décadas después de la caída del régimen de los Jemeres Rojos, sus dos máximos líderes aún vivos han sido condenados a cadena perpetua al ser hallados culpables de genocidio contra vietnamitas y la comunidad musulmana cham y otros crímenes.

Se trata de la primera vez que las Cámaras Extraordinarias en la Corte de Camboya (o Tribunal de Camboya) reconocen como genocidio crímenes cometidos por el movimiento dirigido por Pol Pot en Camboya.

El Tribunal se creó en 2006 tras una larga negociación entre la ONU y el gobierno camboyano, con el objetivo juzgar a los líderes sobrevivientes de los Jemeres Rojos por el régimen que establecieron en el país entre 1975 y 1979 bajo el nombre de Kampuchea Democrática tras el triunfo de estos en la Guerra Civil Camboyana (1970-1975). A dicho régimen se le atribuye la desaparición de un millón setecientas mil personas.

El Caso 1 correspondió al juicio de Kaing Guek Eav, alias Duch, quien dirigió el centro de detención y torturas S-21, en el que unas 16.000 personas murieron en la misma cárcel o en los campos de exterminio de Choeung Ek, a las afueras de Phnom Penh.

La primera sentencia se emitió en julio de 2010 contra Kaing Guek Eav, alias “Duch”, a quien se impuso una condena de 35 años, elevada en apelación a cadena perpetua por crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, causando la muerte de más de 12.000 personas en la prisión S-21.

El Caso 2, el juicio contra la cúpula del Jemer Rojo comenzó en 2011 y contaba, en su origen con cuatro acusados: el exministro de Asuntos Exteriores Ieng Sary, y su esposa y exministra de Asuntos Sociales, Ieng Thirith, que murieron en 2013 y 2015, respectivamente; Nuon Chea, conocido como “hermano número dos” e idológoco de la organización comunista; y Khieu Samphan, el entonces jefe de Estado.

El Tribunal decidió segregar esta causa debido a su complejidad y el temor de que los acusados, de edad avanzada y salud frágil, murieran antes que se dictara sentencia.

El pasado viernes 16 de noviembre, el juez Nil Nonn subrayó que ambos formaron parte de una “empresa criminal conjunta” a través de la cual cometieron los crímenes. Nonn definió el objetivo del régimen, que mató de hambre y trabajos forzados a unos dos millones de camboyanos, como una “revolución social” con la que Pol Pot y sus acólitos esperaban establecer “una sociedad atea y homogénea suprimiendo todas las diferencias étnicas, nacionales, religiosas, raciales, de clase y culturales”.

El fallo reconoció por primera vez la comisión de genocidio por parte del Jemer Rojo contra las minorías vietnamita y la musulmana cham y declaró a los dos acusados culpables de ese delito, si bien eximió a Khieu Samphan en el segundo caso por falta de pruebas concluyentes sobre su intencionalidad.

El juez también declaró a los acusados culpables de crímenes contra la humanidad -incluidos asesinato, exterminio, deportación, esclavitud, tortura, persecución por razones políticas, religiosas y étnicas- crímenes de guerra y actos inhumanos, como desapariciones, matrimonios forzados y violación.

Muchos afirman que se trata de una victoria para la justicia internacional, aunque el fallo no ha estado exento de polémica. De hecho, el tribunal en sí ha recibido críticas por la duración del proceso, su elevado coste (300 millones de dólares) y las interferencias políticas del gobierno camboyano.

¿Se ha hecho realmente justicia al condenar a cadena perpetua a dos hombres de 92 y 87 años de edad después de 40 años desde la comisión de sus crímenes?



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